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Skype, una ventana a la vida


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Hola amigos del alma,

Cuando me empezaron a proponer para realizar terapias a distancia con el programa Skype, al principio me entusiasmó la idea de poder veros y poder ayudar a las personas que, por la distancia geográfica, jamás hubiera tenido la suerte de conocer.

Ahora, pasado un tiempo, el balance es extremadamente gratificante y maravilloso. El poder abrir esta ventana, cada día, a cualquier lugar del mundo, compartir, reír, a veces pienso que pasa como la televisión: cuando lleva mucho tiempo un presentador o un comunicador entrando en tu hogar parece formar parte de tu familia.

Y esto es lo que me ha sucedido.

Por ejemplo,  con Rosana, que vive en Argentina: que me enseña su casa, y como me “va  paseando” por su hogar mientras acaban sus obras, que me enseña el periódico y ver las noticias de su zona.

Y hablar con Luz, en Uruguay, que me enseña las variaciones de la vegetación en pleno verano austral, mientras yo voy abrigada con mi jersey y mi bufanda en mi invierno del hemisferio norte.

Y la emoción de recibir un whastapp, y pese al cambio de horario que hay en la costa este de Estados Unidos, pedirme por favor si nos podríamos conectar a una cierta hora. Mi sorpresa fue que, al abrir la ventana, me encontré en un hospital donde conocí a la mamá de Estela, que había salido de la Unidad de Vigilancia Intensiva (UVI) y cuyo pronóstico iba por buen camino.

Y “el poder pasear” por las calles de Roma gracias a Lucía, y el poder hacer un Skype en Francia mientras Marie-Anne está sentada en un parque enseñándome todo un jardín de lavanda.

Doy las gracias a Sandra, de Barcelona, por enseñarme sus cuadros. Ni me olvido de Ramón, que es para mí un placer abrirle la ventana y tomarnos un café virtual mientras hacemos terapia para apaciguar su dolor de su repentina viudedad. Él, con su taza de café, y yo con una infusión.

Cuando me propuso Pierre poder hablar en su despacho mientras iba colocando cosas para superar su fobia debido a un estrés laboral, fue maravilloso el día que abría la ventana de Skype y lo ví en su casa y emocionado me dijo: ya no me hace falta sentirme acompañado en mi puesto de trabajo…

No puedo nombraros a todos, pero gracias por enseñarme hasta recetas de cocina, o decoración, punto de ganchillo…

Os doy las gracias por dejarme entrar en vuestros hogares, con vuestros seres queridos, o mostrarme cómo crecen vuestros hijos, o cómo vuestro rostro sonríe más y más. Ver el Sol por la pantalla mientras yo estoy con la Luna, despertarme y deciros buenas noches, desayunar mientras vosotros cenáis.

Qué curiosas son las nuevas tecnologías, que a veces nos pueden distanciar tanto o hacernos adictos de una simple máquina, y que a veces nos permiten poder acompañar en momentos difíciles y sentir que “estás en casa”, de gente que te da su confianza.

Me llena tanto haberos conocido vía Skype y los vínculos que hemos formado, y por ello os digo: gracias, gracias…. Por todos esos lugares en los que quizás jamás estaré físicamente, pero a los que vosotros me habéis trasladado virtualmente.

Besos de Luz

Carol Bardera



Próxima salida: El Montseny, sus leyendas, sus centros energéticos, sus Damas de las Aguas… Viaje transcendental a Montserrat para el sábado 24 de mayo
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